viernes, 9 de octubre de 2026

La banda oriental de Artigas y la invasión lusobrasileña (1815-1820)


José Gervasio Artigas (1764–1850)


Artigas recupera Montevideo (1815)

El 23 de junio de 1814, el Directorio de Buenos Aires logró expulsar a los españoles de Montevideo. Sin embargo, la ciudad no fue entregada a los orientales dirigidos por Artigas, a pesar de que así se había acordado. Posadas decidió colocar allí a un gobernador designado por Buenos Aires. De este modo, comenzó una nueva etapa en la que Montevideo quedó bajo el control del Directorio porteño, de orientación centralista, mientras permanecía rodeada por la Banda Oriental, que respondía al proyecto federal de Artigas.

El Directorio veía en Artigas a un líder con un creciente poder político y militar en la Mesopotamia, y consideraba que sus intenciones podían poner en riesgo la unidad de las Provincias Unidas del Río de la Plata. Por este motivo, se negó a entregarle Montevideo con facilidad, ya que buscaba mantener el control sobre una ciudad estratégica y evitar que Artigas ampliara su influencia en la región

La situación se volvió cada vez más tensa y comenzaron a producirse enfrentamientos militares entre las fuerzas antigüistas y las del Directorio, hasta llegar a la batalla de Guayabos, el 10 de enero de 1815.

El ejército oriental estaba al mando de Fructuoso “Frutos” Rivera, quien sería posteriormente el primer presidente de Uruguay. Contaba con alrededor de 1.500 hombres y tenía como principal fortaleza a la caballería gaucha, caracterizada por su gran movilidad y su conocimiento del terreno. Sin embargo, carecía de artillería.

Por su parte, las fuerzas del Directorio estaban comandadas por Manuel Dorrego y contaban con unos 800 hombres y cuatro cañones pequeños. Entre sus tropas se encontraban los Granaderos a Caballo, dirigidos por un joven Juan Lavalle

Tras un repliegue táctico inicial, Rivera logró que Dorrego iniciara su persecución a través de un terreno irregular y desfavorable. Cuando las fuerzas del Directorio se alejaron de sus cañones, soldados de infantería ocultos entre los cañaverales aparecieron de manera sorpresiva y abrieron fuego a quemarropa. La maniobra tomó por sorpresa a las tropas de Dorrego, que no esperaban aquella emboscada. Triunfo total para Artigas.

El 25 de febrero de 1815, el Directorio entregó Montevideo a los antigüistas. De este modo, la Banda Oriental quedó libre tanto de la dominación realista como del control centralista de Buenos Aires.

La derrota del Directorio significó un importante impulso para el movimiento federal. En poco tiempo, las provincias de Entre Ríos, Santa Fe, Corrientes y la Banda Oriental se sumaron al proyecto político impulsado por Artigas. Córdoba, por su parte, mantuvo una relación más cercana a la alianza que a una adhesión plena. De esta manera, Artigas amplió rápidamente su influencia y pasó a ser reconocido como el “Protector de los Pueblos Libres”.

Ante el avance del federalismo, Alvear envió un ejército para enfrentarlo, bajo el mando del coronel Ignacio Álvarez Thomas. Sin embargo, al llegar al paraje de Fontezuelas, Álvarez Thomas, respaldado por parte de la oficialidad y por tropas como las comandadas por Eustaquio Díaz Vélez, se negó a marchar contra las provincias del Litoral.

Este levantamiento dio inicio al Motín de Fontezuelas, el 3 de abril de 1815. El movimiento provocó la caída de Alvear, quien, al quedarse sin apoyo político y militar, se vio obligado a renunciar el 15 de abril de 1815 y posteriormente marchó al exilio. Y también, se dio por finalizada la asamblea del año XIII.


El Congreso de oriente y la creación formal de la Liga federal o Pueblos libres.



Se llevó a cabo el 29 de junio de 1815 en Concepción del Uruguay (Entre Ríos), bajo la conducción de José Gervasio Artigas. El objetivo fue organizar institucionalmente a la Liga Federal y acordar las bases para una negociación de paz y confederación con el nuevo Directorio de Buenos Aires.

Participaron representantes de varias provincias y territorios vinculados a la Liga Federal, entre ellos: Banda Oriental, Entre Ríos, Corrientes, Misiones, Santa Fe y Córdoba.

·         Declaración de Independencia: La postura historiográfica artiguita sostiene que en este congreso las provincias aliadas ratificaron formalmente la independencia de España y de todo otro poder extranjero, un año antes del Congreso de Tucumán.

·         Autonomía provincial y sistema confederado: Cada provincia conservaba su soberanía, libertad y gobierno propio, delegando solo tareas comunes de defensa exterior y comercio general.

·         República democrática: Profunda oposición a cualquier forma de monarquía o centralismo autocrático.

·         Proteccionismo económico: En contraste con el librecambio absoluto promovido por Buenos Aires (que arruinaba las economías artesanales y regionales del interior), el artiguismo propuso aranceles aduaneros protectores para fomentar la producción local, el Reglamento Aduanero de 1815 y la libre navegación de los ríos interiores para todas las provincias.

·         Reforma agraria ("Reglamento Provisorio de la Provincia Oriental para el Fomento de la Campaña y Seguridad de sus Hacendados" de 1815): Fue la medida más revolucionaria del período. Estableció la confiscación y el reparto de tierras de los "emigrados, malos europeos y peores americanos" (realistas o enemigos de la causa) entre los más necesitados, bajo la célebre premisa de que "los más infelices sean los más privilegiados", priorizando a negros libres, zambos, indios y criollos pobres.

·         El sistema ideado por Artigas planteaba que la futura nación a concebir debía estar compuesta por provincias autónomas, ligados por pactos interprovinciales.

 

El 24 de marzo de 1816 se da inicio el congreso de Tucumán y es elegido Pueyrredón como Director supremo. Pueyrredón no aceptó las condiciones de la liga federal, lo que reanudo la guerra civil y no fueron invitados al congreso de Tucumán. La prioridad de Pueyrredón era la declaración de independencia, la constitución y el cruce de los andes.

 

La Invasión del nuevo Reino Unido de Portugal, Brasil y Algarves ocasiona el fin del sueño artiguista (1816-1820)




El anhelo portugués y la creación del Reino Unido de Portugal, Brasil y Algarves 

El interés de Portugal por la Banda Oriental se remontaba a varios siglos. La región constituía un espacio fronterizo en disputa entre las coronas de España y Portugal, cuya expansión ultramarina había sido inicialmente delimitada por el Tratado de Tordesillas. Portugal fundó Colonia del Sacramento en 1680, frente a Buenos Aires, y posteriormente intentó establecer posiciones militares en el área de la actual Montevideo. En 1723, los portugueses iniciaron allí la construcción de una fortificación, pero los españoles terminaron imponiéndose y consolidando su presencia en la zona. La creación del Virreinato del Río de la Plata en 1776 reforzó aún más la posición española.

Portugal volvería a tener la posibilidad de avanzar sobre la Banda Oriental después de las guerras napoleónicas. La instalación de la Corte portuguesa en Río de Janeiro en 1808 había convertido a Brasil en el centro efectivo de la monarquía portuguesa. Tras la derrota de Napoleón y en el contexto de la reorganización política europea impulsada por el Congreso de Viena, el príncipe regente Juan tomó una decisión fundamental: el 16 de diciembre de 1815 creó el Reino Unido de Portugal, Brasil y Algarves. Brasil dejó formalmente de ser una colonia y pasó a constituir un reino dentro de la monarquía portuguesa.

Esta transformación le otorgó un nuevo marco institucional para proyectar el poder portugués en América. La intervención militar sobre la Banda Oriental podía presentarse ahora como una acción de la propia monarquía portuguesa desde su territorio brasileño, y no como una operación emprendida por una colonia contra los territorios de otra monarquía.

Pocos meses después, el 20 de marzo de 1816, murió la reina María I en Río de Janeiro. Su hijo, el príncipe regente Juan, pasó a ejercer la soberanía como Juan VI de Portugal.


Reino Unido de Portugal, Brasil y Algarves


Juan VI



La circunstancia para la invasión

En 1816, Portugal aprovechó la derrota de Buenos Aires ante Artigas como una excusa para "pacificar" la zona frente a la "amenaza revolucionaria" de Artigas y la incapacidad de las provincias unidad de hacerse cargo.

La invasión fue bien vista por:

Congreso de Viena:

El proyecto republicano y federal de José Gervasio Artigas era visto las potencias de la Santa Alianza como una amenaza radical ("jacobina" y “napoleónica”) para el orden social de la región.

Inglaterra:

El propio ejército portugués enviado a invadir la Banda Oriental (la División de Voluntarios Reales) había sido creado, armado y adiestrado por oficiales ingleses como el mariscal William Carr Beresford, con pertrechos y financiamiento británico durante la Guerra Peninsular. La royal navy, que dominaba los mares del sur y el rio de la plata, no intervino a los barcos logísticos de Portugal.

Provincias unidas del rio de la plata:

Pueyrredón negoció con los portugueses. Aceptó de hecho la ocupación siempre que las tropas lusitanas se limitaran a la Banda Oriental y no cruzaran el río Uruguay.

El objetivo del Directorio era, que mientras Artigas combatía a los portugueses en la frontera norte,  atacarían a las provincias federales de Santa Fe y Entre Ríos. De esa manera, forzaría a las fuerzas federales a pelear en dos frentes: contra los unitarios y los portugueses.

«V.E. se dice neutral en una causa que es de toda la América. ¿Cómo es posible ver impasible a un ejército extranjero invadir nuestro suelo, devastar nuestras campanas y masacrar a nuestros paisanos? La neutralidad en este caso no es más que una traición disimulada a la causa de la libertad... Sientan V.E. y ese gobierno el peso de la responsabilidad histórica si dejan perecer a la Banda Oriental bajo las garras del despotismo lusitano.»

(Artigas a Pueyrredón, 1817)

 

«¿Con qué derecho V.E. habla de unión y de fraternidad mientras envía sus tropas a invadir a los pueblos hermanos de Santa Fe y Entre Ríos? Mientras yo combato con mis escasos hombres al invasor portugués, V.E. nos apuñala por la espalda dividiendo nuestras fuerzas. V.E. es el único responsable de los males que afligen a la patria... ¡Insolente! ¿Piensa V.E. que los orientales nacimos para ser vasallos de Buenos Aires o de Río de Janeiro?»

(Artigas a Pueyrredón, carta del campamento de Purificación, 1817)

 

«V.E. me pide auxilio de armas y tropas, pero olvida que se halla en abierta rebelión contra la autoridad suprema de las Provincias Unidas. ¿Cómo puede exigir que el Gobierno ponga sus recursos en manos de quien niega la obediencia al Congreso y divide la fuerza nacional? Reconozca V.E. la autoridad del Gobierno central, sométase a la Constitución que la Nación se dé, y todas las fuerzas del Estado marcharán a expulsar al invasor de la Banda Oriental.»

Carta de Pueyrredón a Artigas (Buenos Aires, 1817)

 

«La expedición portuguesa marcha decidida sobre la Banda Oriental. Este Gobierno no busca una guerra contra las Provincias Unidas, sino destruir la influencia nefasta de Artigas, que infecta estas fronteras con sus doctrinas disolventes. Si el Gobierno de Buenos Aires sabe conducirse con neutralidad y destreza, la presencia de Lecor en Montevideo servirá para desembarazarse de un enemigo temible y restablecer la tranquilidad en el Litoral.»

Informe confidencial de Manuel J. García al Directorio (Río de Janeiro, 1816)

 

«El Directorio debe convencerse de que los pueblos no son esclavos de sus caprichos... Si V.E. desea sinceramente la paz y la unión, no me proponga condiciones que ultrajan la dignidad de los pueblos libres. La soberanía de los pueblos no se negocia ni se vende por un puñado de fusiles.»

(Artigas a Pueyrredón, noviembre de 1816)

 

Pueyrredon


Finalmente, en agosto de 1816, las tropas portuguesas invadieron la Banda Oriental con un contingente de 12.000 hombres, más de 10 piezas de artillería y apoyo naval. En contraste, el ejército de Artigas contaba con apenas la mitad de efectivos, carecía prácticamente de artillería y no disponía de apoyo naval.

Aunque los portugueses tomaron Montevideo el 4 de enero de 1817, la resistencia continuó mediante tácticas de guerrilla lideradas por Fructuoso Rivera, Juan Antonio Lavalleja, Fernando Otorgués y el propio Artigas. Esta lucha se sostuvo —sin el respaldo de Entre Ríos, Santa Fe ni Buenos Aires— hasta la decisiva Batalla de Tacuarembó, librada el 22 de enero de 1820.




 

1820: el final de Artigas

La derrota de Artigas en Tacuarembó ante los portugueses fue total. Privado de su ejército y recursos, su única esperanza residía en una intervención milagrosa de sus aliados, Francisco Ramírez y Estanislao López; sin embargo, estos se hallaban ocupados combatiendo al Directorio.

El 1 de febrero de 1820 se libró la célebre batalla de Cepeda, en la cual Ramírez y López derrotaron a las fuerzas de José Rondeau. Con este triunfo, los caudillos federales doblegaron el centralismo del Directorio, lo que marcó el fin de dicho gobierno y del Congreso de Tucumán (el cual había sancionado la impopular constitución unitaria de 1819).



Tratado del Pilar

- Promulgaba la paz y la federación de las provincias como el sistema de organización política para todo el territorio.

- Establecía la libre navegación de los ríos Paraná y Uruguay

-Postergaba cualquier acción militar abierta o declaración de guerra contra el Reino Unido de Portugal, Brasil y Algarbes.


El final

Para Ramírez y López, la prioridad era vencer al Directorio para poder comenzar a comercial bajo el modelo federal después de tantos años de guerra. No querían comenzar otra campaña costosa, larga y ante un rival superior como era el reino de Portugal y Brasil.

«Compatriotas: La guerra continua ha arruinado nuestros campos y deshecho nuestras familias. Hemos vencido al centralismo en Cepeda y le hemos dado a la Patria la paz que necesitaba sobre las bases del sistema federal. Sin embargo, el General Artigas, ciego en su empeño, nos exige continuar una contienda interminable que terminaría por sepultar a Entre Ríos en la miseria. [...] Mi deber es asegurar la existencia de este pueblo. La patria exige orden, trabajo y constitución; no la guerra perpetua.»

Proclama de Francisco Ramírez a los entrerrianos (Paraná, 1820)

«Santafesinos: La tiranía del Directorio ha caído para no levantarse más. En las pampas de Cepeda hemos hecho valer el derecho sagrado de los pueblos a gobernarse por sí mismos. Con el Tratado del Pilar aseguramos nuestra autonomía, la libre navegación de nuestros ríos y la pronta reunión de un Congreso Federal. [...] No hemos olvidado la suerte de los hermanos orientales, pero solo con provincias organizadas y en paz podremos ser fuertes frente a las agresiones extranjeras.»

Manifiesto de Estanislao López al pueblo de Santa Fe (Febrero de 1820)

Al enterarse de que Ramírez y López se habían aliado con Buenos Aires, Artigas sintió una profunda traición. Convencido de que habían postergado la lucha fundamental contra Portugal, decidió enfrentarlos militarmente.

«Usted me llama traidor, General, porque firmé la paz en el Pilar. Pero traición hubiera sido seguir desangrando a mis paisanos para sostener un mando que V.E. ya no puede ejercer con eficacia sobre el territorio oriental. Si V.E. insiste en traer la guerra a Entre Ríos, nos encontrará con las armas en la mano defensoras de nuestro suelo y de nuestros hogares.»

Carta de Ramírez a Artigas al estallar la contienda civil (Junio de 1820)

 

Los enfrentamientos se desarrollaron a lo largo de tres combates: la batalla de Las Guachas (13 de junio), la de Las Tunas (24 de junio) y la de Cambay (20 de septiembre de 1820). Para confirmar las sospechas de Artigas, las fuerzas de Ramírez recibieron el apoyo de la artillería de Buenos Aires, que se encontraba bajo el mando de Lucio Mansilla.

A pesar de haber obtenido un triunfo inicial en Las Guachas, Artigas fue derrotado en los encuentros sucesivos, lo que lo vio obligado a exiliarse en el Paraguay, de donde nunca más regresó.

La Banda Oriental quedó por completo bajo el dominio del Reino Unido de Portugal, Brasil y Algarves bajo el nombre de Provincia Cisplatina.



Bandera Provincia Cisplatina.





lunes, 21 de septiembre de 2026

La resistencia a la revolución: La Conspiración de Álzaga y el esclavo que salvó la revolución (4 julio de 1812)

 



El enemigo no solo acechaba en las fronteras; habitaba en el mismísimo corazón de Buenos Aires, infiltrado entre las filas revolucionarias. Tras los acontecimientos de Mayo, mientras una facción realista ofreció una resistencia abierta —sufriendo persecuciones, juicios y el embargo de sus bienes—, otra optó por la cautela y el sometimiento táctico para adaptarse al nuevo orden. Sin embargo, en esta última anidaba un resentimiento latente, a la espera de la menor grieta para salir a la superficie.

Esa oportunidad llegó tras el colapso en la batalla de Huaqui y el avance de la invasión portuguesa en la Banda Oriental. Acorralada, la Junta de Buenos Aires se vio forzada a replegar sus tropas en el Norte y a firmar un armisticio con el bastión realista de Montevideo. En este punto crítico de vulnerabilidad para la Revolución, comenzó a gestarse la contrarrevolución interna.

Durante casi un año, el exalcalde de la ciudad, héroe de las Invasiones Inglesas y el hombre más acaudalado de la plaza, Martín de Álzaga, articuló en secreto la logística y el reclutamiento de la trama. La conspiración tejió una red heterogénea: en la cúspide, comerciantes, militares, frailes, ingenieros y profesores españoles; en las bases, peones, sirvientes y dependientes de sus casas comerciales; y, en el horizonte, el respaldo naval de las fuerzas montevideanas.

Martín de Alzaga (27 de septiembre de 1755- Aramayona, España - 6 de julio de 1812 Buenos Aires

Álzaga logró además la complicidad de oficiales peninsulares que aún prestaban servicio en las filas patriotas, como en los regimientos de Patricios y Montañeses.

El plan era audaz: sublevar a ambas unidades el 5 de julio de 1812, tomar el Fuerte, derrocar al Primer Triunvirato, ejecutar a los líderes revolucionarios y restaurar el dominio de la Corona española en el Río de la Plata.

Todo estaba a punto para ejecutarse, hasta que un esclavo (El negro Ventura) escuchó por azar a un grupo de españoles discutir los pormenores del golpe. Sin perder tiempo, acudió ante su ama, doña Valentina Feijoo, para revelarle la conspiración.

Al ser informado, Bernardino Rivadavia —en representación del Gobierno— ordenó una investigación inmediata que permitió desmantelar la contrarrevolución. En reconocimiento a su valiosa delación, el Triunvirato otorgó a Ventura la libertad mediante la compra de su pase a la patrona. Además, fue recompensado con una gratificación económica, el sueldo y uniforme de soldado del Regimiento N.° 2 y un distintivo de honor grabado con la leyenda: «Por fiel a la Patria».

Medalla entregada al esclavo Ventura "Por fiel a la Patria"


En los primeros días del despliegue policial, Martín de Álzaga logró eludir a las autoridades y mantenerse oculto. Sin embargo, fue capturado en una quinta tras ser delatado por su propio confesor, el sacerdote fray José Calvo, quien reveló a los investigadores el paradero exacto del comerciante vasco. En total, 33 personas fueron detenidas y posteriormente fusiladas.

 

Los Fusilados:

Principales líderes y financistas

  • Martín de Álzaga: Comerciante, ex-alcalde de primer voto del Cabildo y líder de la conspiración.
  • Felipe Sentenach: Militar, ingeniero catalán y profesor de matemáticas en la Academia Militar (artífice técnico del plan).
  • Francisco Tellechea: Acaudalado comerciante vasco y financista.
  • Matías de la Cámara: Empresario, comerciante y yerno de Álzaga.
  • Fray José de las Ánimas: Fraile de la orden de los betlemitas.

Comerciantes, eclesiásticos y civiles peninsulares

  • Esteban de la Rosa
  • José María de la Rosa
  • Manuel de la Rosa
  • Benito de la Rosa
  • Juan Esteban de la Rosa
  • Manuel de los Santos
  • José de los Santos
  • Antonio de los Santos
  • Francisco de Paula
  • José de Paula
  • Pedro Nolasco
  • Francisco Xavier
  • Miguel de la Torre
  • Manuel de la Torre
  • José de la Torre
  • Juan de la Torre

Militantes, suboficiales y personal subordinado

  • Alfonso Castellanos (Alférez)
  • José Fernández
  • Manuel Fernández
  • Antonio Fernández
  • Francisco Martínez
  • José Martínez
  • Manuel Martínez
  • Juan Gómez
  • Pedro Gómez
  • José Gómez
  • Francisco Gómez
  • Manuel Gómez

 

Las ejecuciones se llevaron a cabo entre el 4 y el 21 de julio de 1812 en la Plaza de Mayo. Los ajusticiados eran fusilados e inmediatamente ahorcados; de hecho, algunos cadáveres —entre ellos el del propio Álzaga— permanecieron colgados en la horca durante tres días como escarmiento público. Posteriormente, las autoridades religiosas retiraban los restos para darles sepultura en el cementerio de la Iglesia de San Miguel Arcángel o en las fosas comunes del Hospital de los Bethlemitas.

 

Finalmente, ambos héroes de las invasiones inglesas (Liniers y Alzaga) fueron ejecutados por la revolución.


«Un golpe terrible preparado en la sombra iba a sepultar a la Patria en sus ruinas... La justicia ha debido obrar con la severidad que exigen las circunstancias para asegurar la libertad de todos.»

— Bernardino Rivadavia, carta de oficio enviada a las provincias y al ejército (julio de 1812).

«Los tiranos de Buenos Aires han consumado el más atroz e inhumano crimen pasándole a cuchillo y llevando a la horca a los más virtuosos y leales vasallos de Su Majestad, encabezados por el memorable don Martín de Álzaga...»

— Gaspar de Vigodet, carta dirigida a las autoridades de la Península (agosto de 1812).

«Se me ha traspasado el corazón con las noticias de la conspiración de Álzaga [...]. ¡Qué desgracia! ¡Cuánta sangre! Pero era preciso escarmientar a los enemigos de la patria para no ser víctimas de sus feroces proyectos.»

-Belgrano

«Imploramos la clemencia de vuestra excelencia para que la pena capital sea cambiada por la confiscación de nuestros bienes y la expulsión del suelo patrio, evitando que queden en la orfandad absoluta tantos hijos inocentes...»

 -Familiares de los ejecutados

«No hay día en que no tengamos dos, tres o cuatro ejecuciones. La plaza está hecha un osario y no se oye otra cosa que los tiros de fusil y el doble de las campanas [...]. Álzaga murió con suma compostura y resignación, dando muestras de una piedad que ha conmovido a cuantos le vieron.»

-Fray Cayetano Rodríguez

 


jueves, 17 de septiembre de 2026

La resistencia a la revolución: El Alto Perú 5: Las republiquetas en el Alto Perú (1811 - 1825)

 



Eran pequeños núcleos soberanos del Alto Perú. Tenían sus propios líderes (caudillos), dictaban leyes locales, cobraban impuestos para financiarse, reclutaban tropas y ejercían control efectivo sobre sus comunidades.

Generalmente, buscaban expulsar el español, lo que las hacia combativas con estrategias de guerrilla. Fueron las protagonistas de todos los levantamientos en el Alto Perú.

Hubo una alianza con el ejército del Norte desde el principio, ya que la combinación era explosiva: ellos aportaban la táctica de  guerrilla con el dominio del terreno y su población local y Buenos Aires las armas modernas.

Protección del repliegue tras la derrota de Huaqui (1811): Tras el primer colapso patriota en el Alto Perú, la formación de las primeras partidas de guerrilleros y caudillos locales impidió que el ejército realista avanzara de manera inmediata hacia el sur, otorgándole un tiempo vital a Manuel Belgrano para reorganizar el Ejército del Norte en Jujuy y Tucumán.

Apoyo a la Segunda Expedición Auxiliadora (1813): Mientras Belgrano avanzaba hacia el Alto Perú tras las victorias de Tucumán y Salta, la Republiqueta de Vallegrande (Arenales) y la de La Laguna (Padilla y Azurduy) insurreccionaron los valles del centro, cortando las líneas de suministro realistas y facilitando el ingreso de las tropas rioplatenses hasta Potosí.

Batalla de La Florida (1814): Las fuerzas combinadas de las republiquetas de Vallegrande y Santa Cruz (Arenales y Warnes) derrotaron de manera directa al ejército realista conducido por el coronel Joaquín Blanco. Este triunfo aseguró el control patriota sobre las provincias de los valles y la llanura cruceña, neutralizando la amenaza sobre la retaguardia de la insurrección.

 Inmovilización del ejército de Pezuela (1814-1815): Durante el periodo en que el general realista Joaquín de la Pezuela planeaba invadir el norte argentino, las constantes incursiones de las republiquetas de Larecaja (Muñecas) y Cinti (Camargo) lo obligaron a dispersar sus tropas para sofocar rebeliones internas, retrasando y debilitando de forma significativa cualquier intento de marcha masiva hacia el sur.

Sostenimiento de la frontera tras la catástrofe de Sipe-Sipe (1815-1816): Tras el colapso definitivo del Ejército del Norte en Sipe-Sipe, las republiquetas absorbieron el primer embate de la contraofensiva realista. Aunque la mayoría de sus líderes (Padilla, Warnes, Camargo, Muñecas) murieron en combate durante la feroz represión española de 1816, su resistencia ofreció un margen de tiempo crucial para que Martín Miguel de Güemes consolidara la línea defensiva en Salta y Jujuy.

Preservación de la chispa independentista y creación de Bolivia (1816-1825): Durante casi una década, la Republiqueta de Ayopaya (liderada por José Miguel Lanza) se mantuvo imbatible en las zonas montañosas entre La Paz y Cochabamba. Su permanencia continua evitó que la Corona española pacificara la región por completo, permitiendo que existiera una estructura patriota organizada en el territorio para recibir al Ejército Libertador de Antonio José de Sucre en 1825.

 

Principales Republíquelas y sus Líderes

Republiqueta de Vallegrande (Mizque y Vallegrande): Liderada por Juan Antonio Álvarez de Arenales. Controlaba los valles entre Cochabamba y Santa Cruz.

Republiqueta de La Laguna (Chuqisaca y Potosí): Encabezada por los esposos Manuel Ascencio Padilla y Juana Azurduy. Operaba en el departamento de Chuquisaca.

Republiqueta de Ayopaya (Sica Sica y Ayopaya): Comandada por José Miguel Lanza (y anteriormente por Eusebio Lira). Fue la única republiqueta que logró mantener una resistencia continua e ininterrumpida hasta 1825.

Republiqueta de Santa Cruz: Liderada por Ignacio Warnes, héroe de la batalla de La Florida y de la defensa del oriente boliviano.

Republiqueta de Larecaja: Dirigida por el sacerdote Ildefonso de las Muñecas. Operaba cerca del Lago Titicaca movilizando a numerosa población indígena.

Republiqueta de Cinti: Liderada por Vicente Camargo, operaba en el sur (actual departamento de Chuquisaca), protegiendo una de las rutas de acceso hacia Tarija y Jujuy.

Reconocimientos oficiales por parte de las Provincias Unidas del Río de la Plata:

Juana Azurduy: En 1816, tras arrebatar el estandarte español al batallón enemigo en el combate de El Villar, el Director Supremo de las Provincias Unidas, Juan Martín de Pueyrredón, le otorgó el grado de Teniente Coronela del Ejército de las Provincias Unidas del Río de la Plata (promovido por Manuel Belgrano). De manera póstuma, en 2009 fue ascendida al rango de Generala del Ejército Argentino.

Manuel Ascensio Padilla: El Directorio de Buenos Aires le concedió el despacho de Coronel de las Provincias Unidas del Río de la Plata como comandante en jefe de las fuerzas insurgentes en la región de La Laguna y Chayanta.

José Miguel Lanza: Al frente de la Republiqueta de Ayopaya, fue nombrado Teniente Coronel y posteriormente militar de alto rango en la nómina del Ejército de las Provincias Unidas, manteniendo correspondencia directa con el gobierno patriota para coordinar la resistencia.

Eustaquio "El Moto" Méndez: Actuó bajo las órdenes directas de los comandantes argentinos de la Frontera Norte (como Martín Miguel de Güemes) y fue reconocido con el rango de Capitán de las milicias patriotas por su papel decisivo al frente de las guerrillas de Tarija.

Ildefonso de las Muñecas: El sacerdote revolucionario que lideró la Republiqueta de Larecaja recibió el nombramiento formal de Comandante de las fuerzas del Norte otorgado por las autoridades de Buenos Aires y ratificado por el general Manuel Belgrano.


"Estas gavillas de insurgentes en el Alto Perú son como una hidra: se destruye una y nacen dos. Impiden el avance de nuestras tropas hacia el sur y consumen nuestros recursos sin darnos descanso."

Joaquín de la Pezuela

"No me anima otro deseo que el de ver a mi patria libre del yugo español... No tengo más que ofrecer que mi vida y la de los míos para sostener la causa sagrada."

Juana Azurduy a Manuel Belgrano (1816)




La resistencia a la revolución: El Alto Perú 3: La tercera campaña Auxiliadora. La última expedición y la pérdida definitiva del Alto Perú (1815)

 

Batalla Sipe Sipe


Con la reciente victoria en Montevideo, el Directorio (Alvear) quiso aprovechar el momento y dar un golpe al último foco de guerra con España a pesar de desobedecer a la estrategia de San Martin.

El Combate de Puesto del Marqués (17 de abril de 1815)

Aprovechando la oscuridad de la madrugada y la densa niebla de la Puna, las fuerzas de Güemes ejecutaron una maniobra envolvente y tomaron por sorpresa al campamento realista mientras dormía en una de las postas de la provincia de Jujuy (una zona que conocían muy bien).  La caballería gaucha atacó con ferocidad y rapidez, imposibilitando que el enemigo organizara una línea de defensa efectiva.

Fuerzas Patriotas

Entre 800 y 1.000 efectivos, caballería gaucha de Martín Miguel de Güemes y los escuadrones de infantería/cazadores de la vanguardia patriota conducidos por los comandantes Manuel Rojas y Juan Antonio Medina. Sin piezas de artillería.

Fuerzas Realistas

Alrededor de 300 hombres de caballería e infantería al mando del coronel Pedro Antonio Olañeta, acampados como destacamento de observación e invasión de la Puna. Sin piezas de artillería

Martín Miguel de Güemes: Comandante militar de la vanguardia patriota en la acción. Lideró a las milicias gauchas y planificó el sorpresivo ataque nocturno que destruyó la avanzada española, consolidando su reputación militar.

Francisco Fernández de la Cruz: Coronel del Ejército del Norte y jefe formal de la vanguardia designada por el general José Rondeau. Aunque era el oficial al mando superior en el área, la ejecución táctica del ataque quedó en manos de Güemes.

José Rondeau: General en jefe de la Tercera Expedición Auxiliadora al Alto Perú. No participó directamente en el combate por encontrarse más al sur con el grueso del ejército, pero fue el destinatario de los partes bélicos y quien posteriormente minimizó el rol de Güemes.

Manuel Rojas y Juan Antonio Medina: Comandantes de los escuadrones de Cazadores del Perú, unidades de línea que apoyaron la embestida de la caballería gaucha contra las posiciones realistas.


Pezuela replegó hasta Oruro y envió un destacamento para evacuar Potosí, trasladando las máquinas de la Casa de Moneda y los caudales públicos.

Durante los meses siguientes, los patriotas ocuparon Potosí, Chuquisaca (Sucre) y Cochabamba.


Combate de Puesto del Marqués

Conflicto con Güemes

Luego de un primer triunfo en Puente de Márquez, hubo conflictos de liderazgo.

Para Rondeau, Güemes no tenía intenciones de obedecer órdenes del Ejercito del Norte. Lo que generaba un peligro a la hora de coordinar las batallas. Además, lo culpó de tomar armamento “sin permiso”. Era un indisciplinado y vulgar gaucho.

Para Güemes, Rondeau omitió el mérito de Güemes y sus jinetes en el triunfo. Eso se vio reflejado en los informes enviados a Buenos Aires.

En otras palabras, Güemes poseía suficiente poder político y militar en el norte para colocarse como un subordinado de Rondeau, que era un porteño envido por Buenos Aires. Que hayan sido la clave del triunfo, sólo tensionó más la situación.

Finalmente, Güemes retiró sus fuerzas del frente y regresó a Salta a mediados de 1815, donde fue elegido Gobernador por su pueblo. El Ejercito del Norte, se quedó sin la prestigiosa caballería de Güemes.


Batalla de Venta y Media - 20 de octubre de 1815

Martín Rodríguez: 1500 hombres

Baldomero Espartero: 1800 hombres

Luego de la partida de Güemes, Rondeau puso a Martin Rodríguez a cargo e la vanguardia.

Se localizó un pequeño campamento realista en Chayanta donde se estimaban 300 hombres. Rondeau quiso repetir la estrategia del ataque sorpresa nocturno con Martin Rodríguez, pero los españoles habían tomado recaudos para que no les volvieses pasar.

Al llegar, los realistas no eran 300, sino 1800 y estaban esperándolos. Rotunda victoria española.

En esta acción sería herido José María Paz en su brazo derecho, quedando inutilizado de por vida, razón por la cual fuera luego conocido como "el manco Paz".

·  General Martín Rodríguez (Comandante en Jefe de la Vanguardia): Lideró la columna patriota en esta trágica expedición. A pesar de la dura derrota y las críticas por la falta de reconocimiento previo, mantuvo altos cargos militares. Posteriormente fue Gobernador de Buenos Aires (1820-1824) y héroe de la Guerra del Brasil.

·  General José María Paz ("El Manco Paz"): En Venta y Media, siendo apenas un joven capitán de caballería, recibió un balazo que le inhabilitó para siempre el brazo derecho. Años más tarde se convirtió en el máximo estratega militar unitario, creador de la Liga del Interior y célebre memorialista.

·  General Mariano Necochea: Capitán del Regimiento de Granaderos a Caballo en esta acción. Encabezó las heroicas cargas de caballería que frenaron la persecución realista y salvaron a las tropas patriotas de la aniquilación total. Se convirtió en prócer de la independencia de Argentina, Chile y Perú.

·  Coronel Manuel Rojas: Oficial de Granaderos a Caballo que luchó junto a Necochea en la protección de la retaguardia durante la desordenada retirada a través de la Puna.

·  General José Rondeau (Comandante Supremo del Ejército del Norte): Aunque no estuvo en el frente de batalla en Venta y Media, fue el ideólogo de la misión. La derrota mermó seriamente su autoridad frente a la tropa a pocas semanas de encarar la Batalla de Sipe Sipe.


Batalla de Sipe-Sipe (29 de noviembre de 1815)

Ejército del Norte: 3.000 a 3.500 hombres al mando del general José Rondeau con 9 piezas de artillería.

Ejército Real del Perú: 5.000 hombres al mando del general Joaquín de la Pezuela con 20 piezas de artillería.

Rondeau sabía, que estaba en menores condicione que Pezuela, por eso, para equilibrar la batalla, buscó elegir el lugar de la contienda. Como el ejército de Pezuela se encontraba en Cochabamba, Rondeau lo esperó en Sipe-Sipe, un pueblo cercano dentro de una llanura, rodeado de montes. Se ubicó en el medio de esa olla de montañas para que le quedara la retaguardia y los flancos cubiertos. Pero Pezuela, apareció por detrás y ubicó la artillería sobre los montes. Rondeau nunca se lo esperó.  La artillería realista bombardeó con precisión las líneas patriotas mientras la infantería española avanzaba descendiendo de los montes.

Fue una rotunda victoria de Pezuela. Los patriotas tuvieron más de 1.000 muertos y heridos. Se llevaron a más de 1.500 prisioneros. Se perdió toda la artillería, todo el parque de municiones, las banderas, bagajes y la caja militar del ejército. Un desastre total. De las peores derrotas de la guerra de independencia junto a la de Huaqui.




·  General José Rondeau (Comandante en Jefe): Tras la derrota, su prestigio político y militar quedó destruido. Tuvo que replegar lo que quedaba del Ejército del Norte hacia Salta y más tarde asumir como Director Supremo de las Provincias Unidas en un periodo de profunda guerra civil.

·  General Martín Rodríguez: Comandó una de las divisiones de infantería patriotas en la batalla. Tras el desastre de Venta y Media y Sipe Sipe, logró salvar la vida y reorientó su carrera política hasta ser Gobernador de Buenos Aires.

·  General Mariano Necochea: Tuvo una actuación legendaria al mando del Regimiento de Granaderos a Caballo. Ejecutó repetidas e intensas cargas de caballería contra el ala derecha realista, logrando sostener el frente el tiempo suficiente para evitar que el ejército patriota fuera masacrado por completo.

·  Capitán José María Paz ("El Manco Paz"): A pesar de tener el brazo derecho destrozado e inservible por el balazo recibido apenas un mes antes en Venta y Media, peleó a caballo en la batalla dirigiendo un escuadrón de caballería de la retaguardia.

·  General Gregorio Aráoz de Lamadrid: En ese momento joven oficial de caballería, combatió en la vanguardia. Más tarde se convirtió en uno de los más temidos y audaces jefes de la facción Unitaria junto a Paz.

·  Coronel Francisco Fernández de la Cruz: Desempeñó el rol de Jefe de Estado Mayor del Ejército del Norte durante la batalla, intentando reorganizar las líneas de infantería bajo el fuego de la artillería enemiga.


El derrota de Sipe-Sipe género:

-La pérdida definitiva del Alto Perú para las Provincias Unidas.

-El aislamiento de las Republiquetas, que no pudieron recibir más apoyo y fueron duramente castigadas por los realistas.

-Confirmó las tesis de José de San Martín, en donde era imposible avanzar por el Alto Perú; Güemes era el único que podía defender la frontera y que debían cruzar la Cordillera de los Andes para luego ir por mar a Lima.

 

 

«Todo anunciaba el triunfo más completo, cuando una maniobra imprevista del enemigo sobre nuestra izquierda y el terreno escabroso en que tuvimos que empeñar la acción mudaron el aspecto de las cosas... La tropa combatió con valor, pero el desorden se apoderó de nuestras filas al verse cortadas.»

José Rondeau (General en Jefe del Ejército del Norte)

«Sipe Sipe nos ha dado el último golpe en el Norte. Ya no hay que pensar en esa vía para llegar a Lima; la puerta del Alto Perú está definitivamente cerrada para nosotros y solo por el mar y por Chile podremos hacer algo valioso.»

José de San Martín (Gobernador de Cuyo)

«Sipe Sipe lo ha desorganizado todo. No encuentro en las tropas ni el espíritu ni los recursos de antes; la disciplina se ha roto con la retirada y la desconfianza reina en los oficiales. Todo está por hacerse de nuevo en este ejército que ha quedado reducido a un fantasma.»

Manuel Belgrano (Diputado en la Misión Diplomática en Europa / Futuro Jefe del Ejército del Norte)

 

«Un revés funesto en las armas de la patria en los campos de Viluma nos impone los mayores sacrificios. El Ejército del Norte ha sufrido un golpe que exige la unión de todos los pueblos para sostener el sagrado depósito de nuestra libertad. Es momento de constancia, no de abatimiento.»

Ignacio Álvarez Thomas (Director Supremo Interino de las Provincias Unidas)