sábado, 17 de octubre de 2026

El Congreso de Tucumán y la caída del Poder Central (1816–1820)

 



1. El contexto geopolítico: De la frustración de 1813 a la crisis de 1815

La Asamblea del Año XIII no llegó a declarar la independencia debido al retorno de Fernando VII al trono español en diciembre de 1813. En Buenos Aires se prefirió adoptar una postura cautelosa para evaluar el nuevo escenario político, especulando con la posibilidad de negociar una emancipación diplomática en el marco de una España parlamentaria regida por la Constitución de Cádiz de 1812.

Sin embargo, el panorama geopolítico dio un vuelco drástico en perjuicio de las Provincias Unidas:

  • Mayo de 1814 – Restauración absolutista: Fernando VII desconoció la Constitución de 1812 y, mediante el golpe militar encabezado por el general Francisco Javier Elio, reasumió el poder absoluto. Con ello se esfumó la vía del diálogo y la metrópoli fijó como objetivo la reconquista intransigente de sus colonias.
  • Octubre de 1814 – Desastre de Rancagua: Las fuerzas realistas reconquistaron Chile, dejando a las Provincias Unidas amenazadas al otro lado de la cordillera de los Andes.
  • Diciembre de 1814 – Misión diplomática en Europa: Manuel Belgrano y Bernardino Rivadavia viajaron a Madrid y Londres en busca de respaldo político o mediación internacional. La misión fracasó ante el nuevo clima absolutista europeo.
  • Enero de 1815 – La desesperación del Directorio: Carlos María de Alvear envió sus célebres cartas a Lord Strangford y Lord Castlereagh ofreciendo un protectorado británico sobre el Río de la Plata. Aunque las misivas nunca se entregaron formalmente, evidenciaban la extrema gravedad del momento: la inminente expedición punitiva española, la pérdida del Alto Perú, el aislamiento frente a la Liga de los Pueblos Libres y la reconquista de Chile.
  • Agosto de 1815 – La Expedición Pacificadora: La Corona española envió al general Pablo Morillo al mando de más de 10.000 hombres. Aunque la fuerza estaba destinada originalmente al Río de la Plata, la caída de Montevideo en manos patriotas obligó a desviarla hacia Venezuela y Nueva Granada (Colombia), donde desató una sangrienta represión.
  • Septiembre de 1815 – El Congreso de Viena: Las potencias europeas consolidaron la Santa Alianza, condenando las ideas republicanas y respaldando las monarquías legítimas. Proclamar una república en América equivalía al aislamiento diplomático absoluto.
  • Junio de 1815 – El Congreso de Oriente: Meses antes de la convocatoria a Tucumán, la Liga de los Pueblos Libres (encabezada por José Gervasio Artigas) celebró el Congreso de los Pueblos Libres en Arroyo de la China, ratificando la independencia respecto de España y de cualquier otra potencia extranjera.
  • Noviembre de 1815 – La derrota de Sipe-Sipe: La sangrienta derrota de las tropas patriotas en el Alto Perú confirmó la tesis de José de San Martín: la vía terrestre a través del norte era inviable tanto para avanzar sobre Lima como para repeler a los españoles. La única alternativa estratégica era cruzar los Andes, liberar Chile y avanzar por mar hacia el Perú. Pero para liberar otros pueblos, era requisito indispensable proclamar primero la soberanía de una nación independiente.

Para 1816, la inmensa mayoría de los focos revolucionarios en Hispanoamérica habían sido sofocados. Las Provincias Unidas del Río de la Plata permanecían como el único baluarte libre del continente. Ante la inminencia de una ofensiva generalizada, la Logia Lautaro —y en particular figuras como José de San Martín, Manuel Belgrano y Martín Miguel de Güemes— exigieron la inmediata declaración de la independencia.

2. El Congreso General Constituyente de Tucumán (1816)

Antes de iniciar las sesiones, el Directorio tuvo que sellar el Pacto de los Cerrillos (22 de marzo de 1816) con Martín Miguel de Güemes, reconociéndolo como gobernador de Salta para pacificar el norte y asegurar la protección militar del Congreso.

Escudo del Congreso

El 24 de marzo de 1816 comenzaron formalmente las sesiones en San Miguel de Tucumán, elegida como sede para atenuar el resentimiento de las provincias hacia el centralismo porteño.

Representación por provincia:

  • Por Buenos Aires: Tomás de Anchorena, José Darragueira, Esteban Agustín Gascón, Pedro Medrano, Juan José Paso y Antonio Sáenz.
  • Por Córdoba: José Antonio Cabrera, Miguel Calixto del Corro, Eduardo Pérez Bulnes y Jerónimo Salguero de Cabrera.
  • Por Tucumán: Pedro Miguel Aráoz y José Ignacio Thames.
  • Por Salta: José Ignacio Gorriti y Mariano Boedo.
  • Por Catamarca: Manuel Antonio Acevedo y José Eusebio Colombres.
  • Por Santiago del Estero: Pedro Francisco de Uriarte y Pedro León Gallo.
  • Por Jujuy: Teodoro Sánchez de Bustamante.
  • Por Cuyo:
    • Mendoza: Narciso Laprida (presidente el día de la jura) y Tomás Godoy Cruz.
    • San Juan: Justo Santa María de Oro y Francisco Narciso de Laprida / Fray Justo Santa María de Oro.
    • San Luis: Juan Martín de Pueyrredón (designado luego Director Supremo) y Pedro Ignacio de Castro Barros / Pedro Mallea.
  • Por La Rioja: Pedro Ignacio de Castro Barros.
  • Por el Alto Perú (territorios bajo ocupación realista que enviaron representantes por su significación histórica y política):
    • Charcas (Chuquisaca): José Mariano Serrano.
    • Chichas: Pedro Ignacio Rivera.
    • Mizque: Pedro Ignacio de Castro y Calvo.

Provincias ausentes: Santa Fe, Entre Ríos, Corrientes, Misiones y la Banda Oriental, alineadas en la Liga de los Pueblos Libres bajo la conducción de Artigas, rechazaron la convocatoria por su enfrentamiento político y militar con el Directorio centralista.


Casa de Tucuman


3. La Proclamación de la Independencia

El Congreso eligió como nuevo Director Supremo a Juan Martín de Pueyrredón, evidenciando la influencia de la Logia Lautaro.

El 9 de julio de 1816, bajo la presidencia de Narciso Laprida, el Congreso proclamó solemnemente la ruptura de los lazos coloniales:

«...es voluntad unánime e indudable de estas provincias romper los violentos vínculos que las ligaban a los reyes de España, recuperar los derechos de que fueron despojadas, e investirse del alto carácter de una nación libre e independiente del rey Fernando VII, sus sucesores y metrópoli.»

El 19 de julio, a propuesta del diputado Pedro Medrano, se aprobó en sesión secreta una enmienda estratégica para aventar las sospechas sobre negociaciones encubiertas con otras potencias, añadiendo al texto la cláusula:

«...y de toda otra dominación extranjera.»

Acta independencia en castellano y quechua

4. Las consecuencias inmediatas y la Guerra de Independencia

  • Agosto de 1816 – Invasión luso-brasileña: El Reino de Portugal, Brasil y Algarves invadió la Banda Oriental con el beneplácito tácito del Directorio porteño, que buscaba neutralizar el poder de Artigas aun a costa de perder la Provincia Oriental.
  • Enero de 1817 – El Cruce de los Andes: Con la legalidad política que le otorgaba el Acta de la Independencia de una nación soberana, San Martín inició la gesta libertadora al frente del Ejército de los Andes.
  • Febrero de 1817 – Traslado del Congreso: El Congreso mudó sus sesiones a Buenos Aires. La razón oficial fue el peligro que representaba la invasión española de Enero de 1817 en Salta que fue sofocada por Güemes ; sin embargo, en la práctica significó la subordinación del cuerpo legislativo a la elite centralista porteña.

5. La Constitución de 1819 y el colapso del Directorio

El 25 de mayo de 1819, el Congreso promulgó la primera Carta Magna de la región: la Constitución de 1819. Su estructura consagró un modelo abiertamente centralista:

  1. Centralización del poder: Concentraba las facultades políticas, fiscales y administrativas en el Ejecutivo con sede en Buenos Aires.
  2. Designación de mandatarios: El Director Supremo nombraba directamente a los gobernadores provinciales, suprimiendo la autonomía de las provincias.
  3. Ambigüedad institucional: Omitió definir taxativamente la forma republicana, dejando el marco abierto para las negociaciones monárquicas que el Directorio gestionaba en Europa (como la búsqueda de un príncipe francés o italiano).
Constitución 1819


6. El estallido federal y Cepeda (1820)

La Constitución fue rechazada unánimemente por las provincias. Los caudillos del Litoral, Estanislao López (Santa Fe) y Francisco Ramírez (Entre Ríos), movilizaron sus tropas hacia Buenos Aires.

Ante la emergencia militar, Pueyrredón renunció y fue reemplazado por José Rondeau, quien ordenó a los ejércitos nacionales intervenir en la guerra civil:

  • El Ejército de los Andes: San Martín desobedeció formalmente la orden del Directorio para priorizar la campaña libertadora del Perú y evitar el derramamiento de sangre entre compatriotas.
  • El Ejército del Norte: Durante su marcha hacia el sur, la fuerza acantonada en la posta de Arequito (8 de enero de 1820) se sublevó al mando de los oficiales Juan Bautista Bustos, Alejandro Heredia y José María Paz, negándose a combatir a las provincias hermanas.

Desprovisto del respaldo de los ejércitos regulares, Rondeau enfrentó a las fuerzas federales en la Batalla de Cepeda (1 de febrero de 1820), siendo derrotado en pocos minutos.

7. Desenlace: El Tratado del Pilar y la Anarquía del Año XX

Tras la victoria federal:

  1. Rondeau renunció al cargo y el Congreso Constituyente quedó disuelto para siempre.
  2. El 23 de febrero de 1820 se firmó el Tratado del Pilar entre Manuel de Sarratea (gobernador interino de la recién creada Provincia de Buenos Aires), Estanislao López y Francisco Ramírez.
  3. El acuerdo consagró el fin del Directorio, la caducidad de la Constitución de 1819 y el reconocimiento formal del sistema federal de gobierno.

A partir de este momento, cada provincia asumió su propia soberanía, iniciando el período conocido historiográficamente como la "Anarquía del Año XX" y dando paso a la etapa de las Autonomías Provinciales (1820–1852).

 Tratado de Pilar

 


San Martín a Tomás Godoy Cruz (12 de abril de 1816):

«¡Hasta cuándo esperamos declarar nuestra independencia! ¿No es una cosa insólita que tengamos bandera, escarapela, moneda y hagamos la guerra a un gobierno del que se dice dependemos? Que se diga que estamos en emancipación, pero no en independencia; esto me da la idea de un hijo que ha tirado una piedra a su padre (...) ¡Ánimo, que para los hombres de coraje se han hecho las empresas!»

 (24 de mayo de 1816):

«Que el Congreso declare la independencia cuanto antes. ¡Ojo! Que los enemigos no nos van a esperar. ¿Con qué derecho vamos a combatir si formalmente no somos una nación soberana?»

 (16 de julio de 1816, tras enterarse de la jura):

«Ha dado el Congreso el golpe magistral. ¡Al fin somos libres e independientes! Ya podemos presentarnos al mundo como una nación digna y soberana. Ahora nos toca sostenerla con las armas en la mano. Yo me hallo ocupado de lleno en los preparativos de la fuerza que ha de cruzar los Andes para llevar la libertad a nuestros hermanos de Chile.»

Carta al Director Supremo Juan Martín de Pueyrredón (22 de julio de 1816):

«La independencia declarada por el Supremo Congreso es el paso más grande y glorioso que se ha dado en nuestra revolución. Sin ella, el ejército a mi mando no pasaba de ser una tropa de insurgentes; con ella, es el ejército regular de una República Soberana.»

Manuel Belgrano al Congreso de Tucumán (6 de julio de 1816):

«Aunque la resolución de las Provincias Unidas fue declarar la independencia, la situación en Europa exige modificar nuestras ideas sobre la forma de gobierno. En Europa se ha producido una mutación completa de ideas... así como el espíritu general de las naciones en años anteriores era republicano todo, hoy se trata de monarquizarlo todo. Una monarquía constitucional, llamando a la dinastía de los Incas, aseguraría la adhesión del interior y de las poblaciones indígenas, dándonos el reconocimiento de las potencias europeas.»

Belgrano a Bernardino Rivadavia (desde Europa, finales de 1815):

«En Europa todo se ha vuelto monárquico y absolutista. La idea de una República en estas latitudes es mirada con horror y desprecio por las potencias. Si queremos el reconocimiento de alguna nación poderosa, debemos pensar seriamente en adaptar nuestras instituciones a las formas que prevalecen en el mundo civilizado.»

Manuel Belgrano a José de San Martín (20 de julio de 1816):

«El Congreso ha hecho lo que debía: romper los lazos con España y con cualquier potencia. Mi propuesta de la corona incaica ha causado revuelo entre los diputados porteños, pero sostengo que es la única forma de unir al interior, integrar al pueblo indígena y dar una imagen de orden ante las potencias europeas.»

Artigas al Gobernador de Corrientes, Méndez (24 de julio de 1816):

«Nosotros ya proclamamos nuestra independencia en el Congreso de Arroyo de la China en 1815. Nada tenemos que esperar de Buenos Aires ni de un Congreso en Tucumán que no respeta el sistema federal ni la autonomía de los pueblos. Sin embargo, celebro que al fin se hayan decidido a romper con España, aunque temo que solo busquen cambiar de amo.

Tomas Anchorena a Juan Manuel de Rosas (1846, recordando las sesiones de 1816):

«Nos quedamos atónitos cuando oímos al general Belgrano proponer la coronación de un monarca de la casta de los Incas. Los diputados de Buenos Aires y algunos del interior nos mantuvimos firmes. Nos parecía un despropósito ridículo poner a un indio de la casta de los Incas a gobernar a un pueblo civilizado... Aprobamos la Independencia con entusiasmo, pero rechazamos de plano semejante forma de gobierno.»

Manifiesto del Congreso General Constituyente (Agosto de 1816):

«El estado peninsular era desesperado; el rey restablecido en su trono no nos ofrecía sino cadenas y cadalsos. No quedaba otro camino que el de la libertad absoluta. Ponderad la grandeza de este acto, ciudadanos: ya no tenéis dueños, ya no dependéis de nadie. Vuestro destino está en vuestras propias manos y en el valor de vuestros brazos.»

Alvear a Lord Castlereagh

"Estas provincias desean pertenecer a la Gran Bretaña, recibir sus leyes, obedecer a su gobierno y vivir bajo su influjo poderoso".



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