jueves, 22 de octubre de 2026

La primera misión diplomática: Matías de Irigoyen

Matías de Irigoyen y de la Quintana


Para la Corona española, la Revolución de Mayo no era más que un acto ilegal perpetrado por «piratas rebeldes» y un golpe de Estado impulsado por una facción de insurgentes. El objetivo primordial de las misiones diplomáticas patrias fue transformar esa percepción en el exterior: era imperioso demostrar a las potencias europeas que en el Río de la Plata se estaba estructurando un gobierno estable, legal y con vocación de orden. Sin la validación ni el respaldo de Europa, la causa revolucionaria corría el riesgo de colapsar rápidamente.

En ese tablero geopolítico, Gran Bretaña desempeñaba un rol determinante gracias a su hegemonía absoluta sobre los mares y las rutas comerciales. Lograr el reconocimiento —o al menos la neutralidad estratégica— de Londres resultaba vital. Los buques mercantes británicos no solo transportaban manufacturas, sino también los fusiles y la pólvora indispensables para sostener las batallas de la independencia. Asimismo, la simpatía británica garantizaba un escudo naval implícito ante eventuales intentos españoles de bloquear el puerto de Buenos Aires.

La Misión de Matías de Irigoyen y de la Quintana

El primer enviado diplomático designado por la Primera Junta fue Matías de Irigoyen y de la Quintana, un joven oficial de tan solo 29 años. Nacido en Buenos Aires en el seno de una de las familias más distinguidas de la elite local, se formó militarmente en España e integró la Real Armada Española, con la que llegó a combatir en la célebre batalla de Trafalgar (1805). Tras su regreso al Río de la Plata en 1809, se sumó decididamente a la causa patriota junto a sus hermanos (que habían peleado en las invasiones inglesas), participando activamente en el histórico Cabildo Abierto del 22 de mayo.

El 28 de mayo de 1810, la Junta redactó un pliego diplomático oficial notificando la instalación del nuevo gobierno a Percy Clinton Sydney Smythe, Lord Strangford, embajador británico ante la corte portuguesa afincada en Río de Janeiro y centro neurálgico de la flota británica en el Atlántico Sur.

"La Junta Gubernativa de estas provincias nombró al Capitán de Fragata Don Matías de Irigoyen para que pasando a Inglaterra en clase de Comisionado de este Gobierno, exponga al de Su Majestad Británica los sinceros sentimientos de adhesión a la justa causa que sostiene la nación española... y manifieste las causas legítimas que han obligado a este Pueblo a tomar la administración de sus negocios..."

Credencial expedida a Irigoyen Firmado por Mariano Moreno, Cornelio Saavedra y los demás vocales el 10 de junio de 1810.

Irigoyen zarpó de Buenos Aires el 10 de junio y desembarcó en Río de Janeiro el 23 de junio. Allí entregó personalmente el comunicado a Strangford. Sus objetivos eran claros:

  • Informar oficialmente a la Corona británica sobre los sucesos de Mayo y la caducidad del poder virreinal.
  • Solicitar la neutralidad benevolente y la protección naval de Gran Bretaña.
  • Gestionar la adquisición directa de armamento, pólvora y pertrechos militares.

Strangford no mostró sorpresa. Aplicó de inmediato la línea diplomática encomendada por Londres: garantizó que la flota británica disuadiría cualquier pretensión expansionista o militar de la corte lusobrasileña sobre el Río de la Plata y aconsejó a los criollos mantener la «máscara de Fernando VII» para no comprometer la alianza anglo-española contra Napoleón en Europa. Con estas garantías, el embajador le facilitó cartas de recomendación para su siguiente destino: Londres.

"Ha llegado a esta capital el Señor Don Matías de Irigoyen, enviado por la Junta de Buenos Aires para pasar a Londres... Su objeto aparente es dar cuenta a Vuestra Excelencia de la revolución ocurrida en aquella provincia, solicitando la protección y el comercio de Gran Bretaña. He creído conveniente facilitarle su viaje a Inglaterra para que el Gobierno de Su Majestad sea informado directamente de la verdadera situación de las cosas en el Río de la Plata..."

Lord Strangford escribió a su gobierno

La negociación en la capital del Imperio

Irigoyen arribó a la capital británica el 5 de agosto de 1810. Allí entró en contacto con el círculo diplomático hispanoamericano y fue recibido informalmente por Richard Colley Wellesley (1.ᵉʳ Marqués Wellesley), Secretario de Asuntos Exteriores (Foreign Secretary) y hermano mayor del futuro Duque de Wellington.

"La posición de Buenos Aires exige pertrechos de marina y armamento para la seguridad de sus costas y el libre ejercicio del comercio internacional... La Junta confía en que la generosa nación británica sabrá apreciar la conducta de un pueblo libre que busca defender su territorio y mantener sus compromisos comerciales..."

Irigoyen elevó notas oficiales al Foreign Office

Debido a la alianza anglo-española en la península ibérica, Wellesley no podía otorgar una audiencia pública oficial sin provocar un conflicto con la Regencia de Cádiz. Sin embargo, a través de sus secretarios privados, escuchó detenidamente las peticiones rioplatenses. Las conversaciones aseguraron que la Real Armada británica mantendría una posición neutral sin bloquear las costas rioplatenses, abriendo además las vías para que comerciantes privados ingleses abastecieran de armas a Buenos Aires.

En Londres, Irigoyen coincidió con otros agentes criollos, entre ellos Tomás Guido (quien arribó en mayo de 1811 tras el trágico fallecimiento de Mariano Moreno en alta mar) y Manuel de Sarratea, enviado posteriormente como refuerzo diplomático. Paralelamente, entabló sólidas relaciones con casas comerciales británicas interesadas en la apertura definitiva del libre comercio.

En junio de 1811, con las gestiones consolidadas, Irigoyen emprendió el regreso. Tras una escala técnica en Río de Janeiro, desembarcó en Buenos Aires el 12 de noviembre de 1811 trayendo consigo el primer lote de pertrechos y fusiles ingleses, fundamentales para fortalecer las campañas del Ejército del Norte y las Provincias Unidas.


"Se ha sabido con indignación del envío de comisionados de la Junta de Buenos Aires a potencias extranjeras sin la debida autorización de este Consejo Superior... Esas comisiones no tienen otro fin que buscar auxilios clandestinos para sostener una conducta insubordinada contra la autoridad legítima de la Metrópoli..."

Desde la península, el gobierno realista vio con extrema alarma la misión diplomática de Irigoyen ante sus aliados británicos



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