El modelo agroexportador trajo una
explosión económica en la Argentina. La demanda mundial crecía exageradamente.
Eso, implicó capturar más tierras (Campaña del desierto) y fomentar la
inmigración como mano de obra barata.
Buenos Aires fue testigo de
oleadas de inmigrantes que venían a buscar un mejor futuro. Consiguieron
trabajo rápidamente pero no en las mejores condiciones, lo que fue llevando a
la creación de sindicatos, huelgas y protestas en todo el país pero principalmente
en las ciudades puerto.
Las protestas estuvieron siempre
pero se empezaron a organizar y a ser más combativas desde el inicio del SXX.
La FORA marcó el rumbo de tendencia anarquista.
Hay que entender, que el obrero
no podía votar. No tenían un partido político que los representara. No lo hubo
nunca desde que nació la Argentina. Es por eso, que la única manera de
“participación política” era la Huelga. Que no sólo representaba al anarquista,
representaba a todos los trabajadores. La diferencia, es que el anarquista inmigrante
europeo ya tenía experiencia y el empuje de cómo llevarlo a cabo para lograr
mejoras laborales en estas nuevas tierras con un naciente gobierno prospero.
La respuesta del gobierno siempre
fue la mano dura. Huelga que había, muertos que aparecían. El miedo del
gobierno era la revolución y/o fin del sistema vigente.
Van a ser cinco huelgas (y sus
consecuencias) que lograron englobar a las demás generando un impacto mayor en la sociedad y la
historia argentina.
La huelga de inquilinos de 1907
La Semana roja de 1909
La semana trágica de 1919
La Patagonia rebelde de 1921
El chaco rebelde de 1921
Las revoluciones Radicales venían
creciendo y logrando mayores objetivos. La última, la de 1905, estuvo a nada de
tener éxito. En la misma, en aquel entonces senador, Alcorta, fue secuestrado y
amenazado de muerte con un revolver en la cabeza. Es por eso, que cuando asumió
la presidencia, lo primero que hizo fue tomar medidas importantes para evitar
otra revolución.
Ramón Falcón fue un destacado
soldado que peleó en la campaña del desierto junto a Roca. Luego fue diputado
del PAN. Y en 1906, el presidente Alcorta lo nombró jefe de la policía de la
ciudad de Buenos Aires. El miedo era concreto y había que reprimir con mayor
fuerza.
No es un detalle menor, que un
año antes tuvo lugar la exitosa revolución rusa que derrocó el sistema Zarista
y potencio a los trabajadores en todo el mundo.
Falcón estuvo a cargo de la
policía sólo 4 años, sin embargo, quedó en la historia como el símbolo de la
defensa de la patria ante los revolucionarios. Calles, monumentos y placas lo
recuerdan en toda la ciudad.
Serán dos sus represiones más
conocidas por ser “exitosas” para
algunos o “masacres” para otros: La huelga de inquilinos de 1907 y la semana
roja de 1909 (que le costará su vida).
La huelga de inquilinos 1907
Las familias de inmigrantes
trabajadores vivían hacinadas en los conventillos en pésimas condiciones de
higiene, servicios e infraestructura. Ese año hubo un aumento en los alquileres
y eso desató una protesta, que nació en san Telmo denominada “huelga de los
inquilinos” o “huelga de las escobas”. Todo comenzó en un conventillo de San
Telmo y se extendió a más de 2000
conventillos en Capital Federal. Una
semana más tarde, se sumaron los conventillos de Rosario, Santa Fé, Mar del
Plata y otras ciudades del país.
Ninguna familia pagó el alquiler
por 3 meses que duró la protesta. Falcón
reprimió con fuerza y ordenó el asesinato del el máximo orador de las
revueltas: Miguel Pepe de tan sólo 17 años.
No fue una huelga del todo
exitosa. Los alquileres siguieron siendo elevados en comparación al sueldo del
trabajo. Se ahorraron esos 3 meses el alquiler. El gobierno de la ciudad
anunció un proyecto de viviendas para los trabajadores con alquileres más
accesibles pero que, claramente, no iban a
poder abarcar a todas las familias.
Sin embargo, la huelga demostró
ser organizada y multitudinaria. Llegó a varias ciudades donde la gente se
mantuvo firme en no pagar sus alquileres a pesar de las amenazadas de desalojos
y represión.
Fue una huelga que no pasó
desapercibida y alertó a los gobernantes. Fue una muestra de lo que vendría.
La Federación Obrera Regional Argentina (FORA) organiza la marcha del 1 de mayo en la plaza Lorea.
Falcón se bajó del auto y dijo: “Hay que concluir, de una vez por todas, con los anarquistas en Buenos Aires”. Al terminar el último orador, ordenó la represión dejando 11 muertos y 105 heridos.
Rápidamente, se decretó huelga general por tiempo indeterminado. Lo que implicó un paro de todos los servicios: Transporte, puerto, campo, trenes, etc…Los días siguientes, Falcón aprovechó el impulso y mandó a arrestar sindicalistas, atacó diarios opositores, ordenó la expulsión de inmigrantes y cerró los locales de sindicatos.

El 4 de mayo, la policía no quiso entregar los cuerpos de los trabajadores asesinados a sus familias y compañeros (se cree que habían 80.000 personas) para evitar un cortejo publico/político. Pero aquella vez, los trabajadores estaban armados y se produjeron enfrentamientos con la policía en las calles de la ciudad.
El 8 de mayo se produjo el histórico hecho de que el gobierno, por primera vez, aceptó negociar con un Comité de Huelga. Al día siguiente, se llegó a un acuerdo: se levantaba la huelga general a cambió de la liberación de los sindicalistas presos y la apertura de los locales.
Pero no todos estaba conformes, muchos anarquistas habían exigido la renuncia de Falcón que sólo recibía halagos de su gobierno y los vecinos burgueses. Al no conseguirla, un joven anarquista haría justicia por mano propia.

Primera foto de Radowitzky en Ushuaia
Simón Radowitzky estuvo en la marcha del 1 de mayo en la plaza. Era un anarquista ucraniano de tan solo 18 años que había participado de la revolución rusa de 1905. Y como estaba siendo buscado, se escapó a Buenos Aires en 1908.
El 14 de noviembre de 1909, Simón se había bajado del tranvía en la esquina de Callao y Quintana, esperó el carruaje de Falcón y lanzó una bomba en su interior. Falcón, con sus piernas destrozadas, murió desangrado en la calle adoquinada.Luego del atentado, Simón intentó suicidarse tirándose un tiro en el pecho pero sobrevivió. En la comisaria lo torturaron para sacarle información pero sólo decía: “Tengo una bomba para cada uno de ustedes” y “Viva la anarquía”. Por ser menor de edad evito la pena de muerta y fue enviado a la prisión de Ushuaia donde estuvo hasta 1930 cuando lo libera Yrigoyen.
Hasta el día de la fecha, manchan con pintura roja, escriben el nombre de Simón y la A de anarquía en sus placas, monumentos y tumba en el cementerio de recoleta.
Buenos Aires fue testigo de oleadas de inmigrantes que venían a buscar un mejor futuro. Consiguieron trabajo rápidamente pero no en las mejores condiciones, lo que fue llevando a la creación de sindicatos, huelgas y protestas en todo el país pero principalmente en las ciudades puerto.
Las protestas estuvieron siempre pero se empezaron a organizar y a ser más combativas desde el inicio del SXX. La FORA marcó el rumbo de tendencia anarquista.
Hay que entender, que el obrero no podía votar. No tenían un partido político que los representara. No lo hubo nunca desde que nació la Argentina. Es por eso, que la única manera de “participación política” era la Huelga. Que no sólo representaba al anarquista, representaba a todos los trabajadores. La diferencia, es que el anarquista inmigrante europeo ya tenía experiencia y el empuje de cómo llevarlo a cabo para lograr mejoras laborales en estas nuevas tierras con un naciente gobierno prospero.
La respuesta del gobierno siempre fue la mano dura. Huelga que había, muertos que aparecían. El miedo del gobierno era la revolución y/o fin del sistema vigente.
Van a ser cinco huelgas (y sus consecuencias) que lograron englobar a las demás generando un impacto mayor en la sociedad y la historia argentina.
La huelga de inquilinos de 1907
La Semana roja de 1909
La semana trágica de 1919
La Patagonia rebelde de 1921
El chaco rebelde de 1921
Las revoluciones Radicales venían creciendo y logrando mayores objetivos. La última, la de 1905, estuvo a nada de tener éxito. En la misma, en aquel entonces senador, Alcorta, fue secuestrado y amenazado de muerte con un revolver en la cabeza. Es por eso, que cuando asumió la presidencia, lo primero que hizo fue tomar medidas importantes para evitar otra revolución.
Ramón Falcón fue un destacado soldado que peleó en la campaña del desierto junto a Roca. Luego fue diputado del PAN. Y en 1906, el presidente Alcorta lo nombró jefe de la policía de la ciudad de Buenos Aires. El miedo era concreto y había que reprimir con mayor fuerza.
No es un detalle menor, que un año antes tuvo lugar la exitosa revolución rusa que derrocó el sistema Zarista y potencio a los trabajadores en todo el mundo.
Falcón estuvo a cargo de la policía sólo 4 años, sin embargo, quedó en la historia como el símbolo de la defensa de la patria ante los revolucionarios. Calles, monumentos y placas lo recuerdan en toda la ciudad.
Serán dos sus represiones más conocidas por ser “exitosas” para algunos o “masacres” para otros: La huelga de inquilinos de 1907 y la semana roja de 1909 (que le costará su vida).
La huelga de inquilinos 1907
Las familias de inmigrantes trabajadores vivían hacinadas en los conventillos en pésimas condiciones de higiene, servicios e infraestructura. Ese año hubo un aumento en los alquileres y eso desató una protesta, que nació en san Telmo denominada “huelga de los inquilinos” o “huelga de las escobas”. Todo comenzó en un conventillo de San Telmo y se extendió a más de 2000 conventillos en Capital Federal. Una semana más tarde, se sumaron los conventillos de Rosario, Santa Fé, Mar del Plata y otras ciudades del país.
Ninguna familia pagó el alquiler por 3 meses que duró la protesta. Falcón reprimió con fuerza y ordenó el asesinato del el máximo orador de las revueltas: Miguel Pepe de tan sólo 17 años.
No fue una huelga del todo exitosa. Los alquileres siguieron siendo elevados en comparación al sueldo del trabajo. Se ahorraron esos 3 meses el alquiler. El gobierno de la ciudad anunció un proyecto de viviendas para los trabajadores con alquileres más accesibles pero que, claramente, no iban a poder abarcar a todas las familias.
Sin embargo, la huelga demostró ser organizada y multitudinaria. Llegó a varias ciudades donde la gente se mantuvo firme en no pagar sus alquileres a pesar de las amenazadas de desalojos y represión.
Fue una huelga que no pasó desapercibida y alertó a los gobernantes. Fue una muestra de lo que vendría.
La Federación Obrera Regional Argentina (FORA) organiza la marcha del 1 de mayo en la plaza Lorea.
Falcón se bajó del auto y dijo: “Hay que concluir, de una vez por todas, con los anarquistas en Buenos Aires”. Al terminar el último orador, ordenó la represión dejando 11 muertos y 105 heridos.
Rápidamente, se decretó huelga general por tiempo indeterminado. Lo que implicó un paro de todos los servicios: Transporte, puerto, campo, trenes, etc…
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El 4 de mayo, la policía no quiso entregar los cuerpos de los trabajadores asesinados a sus familias y compañeros (se cree que habían 80.000 personas) para evitar un cortejo publico/político. Pero aquella vez, los trabajadores estaban armados y se produjeron enfrentamientos con la policía en las calles de la ciudad.
El 8 de mayo se produjo el histórico hecho de que el gobierno, por primera vez, aceptó negociar con un Comité de Huelga. Al día siguiente, se llegó a un acuerdo: se levantaba la huelga general a cambió de la liberación de los sindicalistas presos y la apertura de los locales.
Pero no todos estaba conformes, muchos anarquistas habían exigido la renuncia de Falcón que sólo recibía halagos de su gobierno y los vecinos burgueses. Al no conseguirla, un joven anarquista haría justicia por mano propia.
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Primera foto de Radowitzky en Ushuaia |
Simón Radowitzky estuvo en la marcha del 1 de mayo en la plaza. Era un anarquista ucraniano de tan solo 18 años que había participado de la revolución rusa de 1905. Y como estaba siendo buscado, se escapó a Buenos Aires en 1908.
El 14 de noviembre de 1909, Simón se había bajado del tranvía en la esquina de Callao y Quintana, esperó el carruaje de Falcón y lanzó una bomba en su interior. Falcón, con sus piernas destrozadas, murió desangrado en la calle adoquinada.
Hasta el día de la fecha, manchan con pintura roja, escriben el nombre de Simón y la A de anarquía en sus placas, monumentos y tumba en el cementerio de recoleta.