Eran pequeños núcleos soberanos del Alto Perú. Tenían sus propios líderes (caudillos), dictaban leyes locales, cobraban impuestos para financiarse, reclutaban tropas y ejercían control efectivo sobre sus comunidades.
Generalmente,
buscaban expulsar el español, lo que las hacia combativas con estrategias de
guerrilla. Fueron las protagonistas de todos los levantamientos en el Alto
Perú.
Hubo
una alianza con el ejército del Norte desde el principio, ya que la combinación
era explosiva: ellos aportaban la táctica de guerrilla con el dominio del terreno y su población
local y Buenos Aires las armas modernas.
Protección
del repliegue tras la derrota de Huaqui (1811): Tras el primer colapso patriota en el Alto
Perú, la formación de las primeras partidas de guerrilleros y caudillos locales
impidió que el ejército realista avanzara de manera inmediata hacia el sur,
otorgándole un tiempo vital a Manuel Belgrano para reorganizar el Ejército del
Norte en Jujuy y Tucumán.
Apoyo
a la Segunda Expedición Auxiliadora (1813):
Mientras Belgrano avanzaba hacia el Alto Perú tras las victorias de Tucumán y
Salta, la Republiqueta de Vallegrande (Arenales) y la de La Laguna (Padilla y
Azurduy) insurreccionaron los valles del centro, cortando las líneas de
suministro realistas y facilitando el ingreso de las tropas rioplatenses hasta
Potosí.
Batalla
de La Florida (1814): Las fuerzas
combinadas de las republiquetas de Vallegrande y Santa Cruz (Arenales y Warnes)
derrotaron de manera directa al ejército realista conducido por el coronel
Joaquín Blanco. Este triunfo aseguró el control patriota sobre las provincias
de los valles y la llanura cruceña, neutralizando la amenaza sobre la
retaguardia de la insurrección.
Inmovilización del ejército de Pezuela
(1814-1815): Durante el periodo en que el general realista Joaquín de la
Pezuela planeaba invadir el norte argentino, las constantes incursiones de las
republiquetas de Larecaja (Muñecas) y Cinti (Camargo) lo obligaron a dispersar
sus tropas para sofocar rebeliones internas, retrasando y debilitando de forma
significativa cualquier intento de marcha masiva hacia el sur.
Sostenimiento
de la frontera tras la catástrofe de Sipe-Sipe (1815-1816): Tras el colapso definitivo del Ejército del Norte
en Sipe-Sipe, las republiquetas absorbieron el primer embate de la
contraofensiva realista. Aunque la mayoría de sus líderes (Padilla, Warnes,
Camargo, Muñecas) murieron en combate durante la feroz represión española de
1816, su resistencia ofreció un margen de tiempo crucial para que Martín Miguel
de Güemes consolidara la línea defensiva en Salta y Jujuy.
Preservación
de la chispa independentista y creación de Bolivia (1816-1825): Durante casi una década, la Republiqueta de
Ayopaya (liderada por José Miguel Lanza) se mantuvo imbatible en las zonas
montañosas entre La Paz y Cochabamba. Su permanencia continua evitó que la
Corona española pacificara la región por completo, permitiendo que existiera
una estructura patriota organizada en el territorio para recibir al Ejército
Libertador de Antonio José de Sucre en 1825.
Principales
Republíquelas y sus Líderes
Republiqueta
de Vallegrande (Mizque y Vallegrande):
Liderada por Juan Antonio Álvarez de
Arenales. Controlaba los valles entre Cochabamba y Santa Cruz.
Republiqueta
de La Laguna (Chuqisaca y Potosí):
Encabezada por los esposos Manuel
Ascencio Padilla y Juana Azurduy.
Operaba en el departamento de Chuquisaca.
Republiqueta
de Ayopaya (Sica Sica y Ayopaya):
Comandada por José Miguel Lanza
(y anteriormente por Eusebio Lira). Fue la única republiqueta que logró
mantener una resistencia continua e ininterrumpida hasta 1825.
Republiqueta
de Santa Cruz: Liderada por Ignacio Warnes, héroe de la batalla de
La Florida y de la defensa del oriente boliviano.
Republiqueta
de Larecaja: Dirigida por el
sacerdote Ildefonso de las Muñecas.
Operaba cerca del Lago Titicaca movilizando a numerosa población indígena.
Republiqueta
de Cinti: Liderada por Vicente Camargo, operaba en el sur (actual departamento de
Chuquisaca), protegiendo una de las rutas de acceso hacia Tarija y Jujuy.
Reconocimientos oficiales por parte de
las Provincias Unidas del Río de la Plata:
Juana
Azurduy: En 1816, tras arrebatar el estandarte
español al batallón enemigo en el combate de El Villar, el Director Supremo de
las Provincias Unidas, Juan Martín de Pueyrredón, le otorgó el grado de Teniente Coronela del Ejército de las
Provincias Unidas del Río de la Plata (promovido por Manuel Belgrano).
De manera póstuma, en 2009 fue ascendida al rango de Generala del Ejército Argentino.
Manuel
Ascensio Padilla: El Directorio de
Buenos Aires le concedió el despacho de Coronel
de las Provincias Unidas del Río de la Plata como comandante en jefe de
las fuerzas insurgentes en la región de La Laguna y Chayanta.
José
Miguel Lanza: Al frente de la
Republiqueta de Ayopaya, fue nombrado Teniente
Coronel y posteriormente militar de alto rango en la nómina del Ejército
de las Provincias Unidas, manteniendo correspondencia directa con el gobierno
patriota para coordinar la resistencia.
Eustaquio
"El Moto" Méndez: Actuó bajo
las órdenes directas de los comandantes argentinos de la Frontera Norte (como
Martín Miguel de Güemes) y fue reconocido con el rango de Capitán de las milicias patriotas por
su papel decisivo al frente de las guerrillas de Tarija.
Ildefonso
de las Muñecas: El sacerdote
revolucionario que lideró la Republiqueta de Larecaja recibió el nombramiento
formal de Comandante de las fuerzas del
Norte otorgado por las autoridades de Buenos Aires y ratificado por el
general Manuel Belgrano.
"Estas gavillas de
insurgentes en el Alto Perú son como una hidra: se destruye una y nacen dos.
Impiden el avance de nuestras tropas hacia el sur y consumen nuestros recursos
sin darnos descanso."
Joaquín de la Pezuela
"No me anima otro deseo que el de ver a mi patria libre
del yugo español... No tengo más que ofrecer que mi vida y la de los míos para
sostener la causa sagrada."
Juana Azurduy a Manuel
Belgrano (1816)

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