martes, 26 de julio de 2016

"El origen de la obra de arte" de Martín Heidegger


Su origen no está en el artista ni en una explicación física, está en su cualidad de ser Arte.Heidegger lo llama fiabilidad y la considera la esencia del utensilio. Entonces tenemos que la esencia del utensilio es su capacidad para infundirnos confianza debido a su utilidad y a sus sugerencias sobre el mundo al que pertenece.
Parece que la esencia del utensilio estaba oculta y que a través de la obra ocurre un desocultamiento que nos permite ver al utensilio tal como es.
Ese mismo utensilio graficado en una pintura de Vincent Van Goth, adquiere significancias que el utensilio-instrumento por sí sólo no posee.
Por consiguiente, la obra de arte supera y quiebra el aspecto meramente instrumental del utensilio.
Para que una obra de arte comience estos proceso es necesario que se “instale”, o sea, que se deje reposar en sí misma, esto exige un grado de dedicación con la obra, no puede ser tratada como un objeto más, merece ser tratada como si fuera algo diferente a una cosa, esto es ser tratada como obra. Cuando la obra se ha “instalado” comienza a abrir su mundo y lo mantiene abierto hasta que no sea “desinstalada”, si esto sigue así comenzará a chocar con los objetos a su alrededor y éstos mostrarán su ser. Cuando ocurre esto la materia que conforma a las cosasde la “tierra” empieza a obtener un “brillo de ser”, éste provoca que la materia se muestre más, los colores son más brillantes, lo sonidos más claros, en fin; las propiedades de la tierra se tornan más evidentesEl mundo, en la obra de arte, se constituye por aquello conocido, habitual; imágenes que sirven sólo como vehículos de una realidad más profunda, que es la verdad que la obra pone en operación.Mundo y tierra son dos rasgos esenciales en el ser-obra de la obra. Dos rasgos inseparables, siempre en tensión uno sobre el otro. El mundo necesita de la tierra porque es su soporte, y la tierra ocupa del mundo porque necesita mostrarse (y la función del mundo es abrir) como lo que se retrae, como el enigma de la cosa en sí. Ambos se necesitan y se afectan. Combaten una lucha en que se gesta la obra. Parece que hay dos tipos de ocultar, aquél que de se da cuando el ente se encuentra fuera de la luz de la aletheia y cuando “disimula”.¿No podemos conocer al ente en su totalidad?La aletheia (Verdad) sería doble entonces, por un lado tendría una parte que nos muestra las cosas, pero por otra parte nos las oculta. Teniendo estos dos estados Heidegger mezcla ahora todo: mundo, tierra y la aletheia doble para poder configurar la esencia de la obra de arte. El mundo es en principio algo que tiende a mostrarse, pero debe tomar decisiones en las cuales elige cuales cosas muestra y cuales no, es decir, hay algunas cosas que no serán mostradas y ahí nos aparece el lado ocultador del mundo. La tierra por su lado tiende a ocultarse.El cuadro de Van Gogh ha hecho patente lo que el útil, el par de zapatos, en realidad es. Lo ha des-ocultado. Esto es lo que los griegos llamaban aletheia, que podemos traducir como verdad. Así que, la obra de arte se caracteriza por mostrar la verdad de los entes. Hay en ella un acontecer de la verdad. Heidegger dice que en la obra de arte se da un asentamiento estable de los entes. La belleza de una obra radica en su cantidad de aletheia, cuando una obra aparezca más “desocultada” mostrará más su ser y de esa manera será más bella que la que no muestra tanto tu ser. Heidegger quiere entender a la creación como una producción o como “traer adelante”, lo curioso es que tanto la obra como el utensilio tienen este carácter.Así tenemos que la techné es una forma de“sacar” lo que estaba oculto (nótese la relación con “traer adelante” de la definición de creación).
El desocultamiento es la esencia de la obra y éste se da en el choque entre la revelación y el ocultamiento de lo ente, entre mundo y tierra. Cuando ocurre la aletheia el ente que estaba oculto se muestra en el espacio que se ha abierto, el mundo; pero debe estar siendo soportado por algo, la tierra. El ente por un lado tiende a mostrarse como forma abierta y por otro lado (al estar en contacto con la tierra) tiende a ocultarse, a ensimismarse. La tierra entonces le brinda un cierto grado de limitación, como si el ente estuviera cerrado en sí mismo, pero a la vez, por efecto del mundo, el ente se muestra y ahí tenemos como el ente se muestra por un lado y por otro se mantiene ensimismado. Cuando se logra esto podemos decir que la aletheia se ha está dando en el ente. El arte es la manifestación, más aproximada de la verdad del ser: la obra artística irrumpe en medio de las entidades ordinarias, revelando y ocultando, fugazmente, aquello que sustenta la entidad y supera ampliamente la característica instrumental de la mundanidad, así como la condición del hombre, arrojado o “yectado” al mundo.

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